Circulan las especulaciones en torno al momento en el que la Reserva Federal va a empezar a subir los tipos de interés. Hace décadas, esto se habría llamado "la cuestión de los 64 millones de dólares", pero hoy hay en juego billones en lugar de millones.
Con la advertencia de que no tengo una bola de cristal ni información privilegiada de nadie dentro de la Reserva, que la Reserva Federal vaya a subir los tipos de interés en 2015 me parece la cosa más improbable.
En una circular objeto de una difusión desproporcionada, el Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal afirma poder "tomarse con paciencia la normalización de la posición de la política monetaria".
Este ejemplo más reciente de jerga de la Reserva rezuma subestimación e ironía. Lo de ser "paciente" no supondrá ningún reto para la Reserva. Ni siquiera la palabra glacial se acerca a describir las acciones de la Reserva dentro de su política ZIRP de bajo interés nominal artificial de los seis últimos ejercicios. Congelada sería más preciso. ¿Qué supone más "paciencia" en ese contexto?
Aunque la mayoría de los articulistas han puesto el acento en la palabra "paciencia", yo encuentro el término "normalización" más revelador. Constituye un reconocimiento implícito de que la política de los últimos ejercicios ha sido cualquier cosa menos normal. Los tipos de interés no vienen siendo normales; el comportamiento de los mercados de crédito no viene siendo normal; las intervenciones a gran escala de la Reserva - compras de deuda pública y detritos financieros del Estado (léase valores de respaldo hipotecario tradicionales) no han tenido nada de normal. ¿Por qué no prolongar durante otro ejercicio la anomalía?
Tanto si Yellen y los suyos quieren genuinamente subir los tipos de interés como si no, y sé que no, yo no veo cómo. Las medidas de flexibilización cuantitativa pueden darse por terminadas, puesto que los déficit federales, aunque todavía colosales, son muy inferiores a los registrados cuando se inició la intervención, y la Reserva parece estar recibiendo los ingresos de referencia suficientes para seguir adelante con su cartera de inversiones en valores hipotecarios tóxicos, pero en lo que respecta a los tipos, la Reserva está en una posición delicadísima.
Un factor que juega en contra de que la Reserva vaya a detener sus presiones bajistas sobre los tipos es la deuda federal. La mayoría de los 18 billones de dólares de deuda del Tío Sam es a corto plazo. La servidumbre por ejercicio de esa deuda empezará a subir de forma fulminante una vez las presiones sobre los tipos se detengan, sembrando el caos en los presupuestos federales y precipitando un conflicto político paralizante y caótico.
Otro factor es la precaria situación económica de la mayor parte del resto del mundo. Un amigo mío, consumado corredor de bonos jubilado, me señalaba hace poco que los mercados emergentes -los más frágiles y expuestos del mundo- tienen préstamos privados por más de 3 billones de dólares y han emitido casi 3 billones de dólares americanos más en deuda a tipos de interés muy bajo respaldada por bonos americanos. Si los tipos de interés nacional suben (y el tipo de cambio del verde junto a los tipos de interés), el saldo de los mercados emergentes se verá devastado, provocando una reacción en cadena que sacudirá los mercados de todo el mundo. Me es difícil concebir que la pacífica gobernadora Janet Yellen y sus colegas del Comité de Mercado Abierto estén dispuestos a exponerse a ser culpados de una crisis financiera global.
Como alguien que respeta enormemente el poder de los mercados, advierto que puede llegar un momento en que los tipos de interés suban, tanto si quiere la Reserva como si no. Pero hasta que llegue ese momento, me parece que Yellen y compañía van a hacer todo lo posible por bajar los tipos.
Permítame que repita la advertencia que hago en el párrafo dos: Yo no conozco el futuro, y mis conjeturas valen exactamente lo que usted paga por leer este artículo. A mí me da la impresión de que los altos funcionarios de la Reserva Federal echan mucho de menos un tipo de interés normal. Por fuerza tienen que saber que los tipos próximos a cero no son ni normales ni sanos, pero ¿qué opción les queda? Son prisioneros de las circunstancias, colocados en una posición delicadísima que podría condenarnos a tipos de interés artificialmente bajos durante mucho más tiempo del que se está imaginando comúnmente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario